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Cuando las ONG se vuelven incómodas

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La organización no gubernamental Artículo 19, que defiende la libertad de expresión en el mundo, fue recientemente objeto de la embestida del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador. Con el mismo argumento usado por regímenes como el ruso o el húngaro, el jefe del ejecutivo la acusó de ser un instrumento de las entidades extranjeras que la financian para golpear a su administración. “Es aberrante esa reacción presidencial”, comenta a Underground el periodista belga Jean-Paul Marthoz, un experimentado conocedor del medio de las ONG internacionales de derechos humanos. Y explica por qué.

BRUSELAS, Bélgica.- El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador se colocó en la misma línea que otros gobernantes del mundo -como el presidente ruso Vladimir Putin o el primer ministro húngaro Viktor Orbán- que han emprendido ataques contra organizaciones no gubernamentales incómodas utilizando como pretexto el financiamiento internacional que reciben.

El 31 de marzo pasado, en su conferencia de prensa matutina, López Obrador acusó a Artículo 19 -un organismo que desde 2006 defiende la libertad de expresión y a los periodistas en México- de formar parte del “movimiento conservador” y actuar en contra de su gobierno debido a que recibe fondos del Departamento de Estado de Estados Unidos y de otras entidades extranjeras.

Lo que ocurrió fue que, un día antes, la diplomacia estadunidense publicó su reporte anual de derechos humanos en el mundo, en cuyo capítulo sobre México recogió una investigación en la que participó Artículo 19 y que reveló una campaña de difamación y amenazas contra periodistas en redes sociales articulada por la dirección de Notimex, la agencia de noticias del Estado mexicano.

El enfado presidencial contra la organización de origen británico fue respondido de inmediato con una condena prácticamente unánime -e inédita- por parte de ONG nacionales e internacionales de derechos humanos, que al mismo tiempo expresaron su apoyo al trabajo independiente de Artículo 19 en México.

Y no sólo eso, también manifestaron su preocupación por lo que significa para la frágil democracia mexicana que el presidente cargue contra una ONG tan necesaria en el contexto de México, el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo y cuya situación tiende a agravarse, según el reporte 2020 de Reporteros Sin Fronteras.

Ataque contradictorio


El veterano periodista belga Jean-Paul Marthoz, observador desde hace muchos años de la vida política mexicana, comparte con Underground su inquietud frente al lamentable episodio y explica el contexto desde una perspectiva más abierta e internacional.

Marthoz conoce a fondo el mundo de las ONG internacionales: fue director de información de Human Rights Watch (HRW) y es actualmente vicepresidente de su consejo de asesores para Europa y Asia central; es consejero también de Index on Censorship, otra organización británica que, como Artículo 19, aboga por la libertad de expresión, así como del Ethical Journalism Network, además de haber sido el representante europeo del prestigioso Comité para la Protección de Periodistas.

El profesor Jean-Paul Marthoz en el Festival Internacional de Periodismo en 2018. Foto: Diego Figone/#ijf18.


-¿Qué opina del ataque de López Obrador a Artículo 19?, se le cuestiona

-Es chocante que el presidente de un país como México, en donde la prensa enfrenta problemas tan graves, ataque a una organización con larga trayectoria en la defensa de los periodistas mexicanos. (El presidente) no puede hablar de una injerencia externa en la ONG cuando ésta defiende principios reconocidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a la que está sujeto México. Atacar a una ONG que protege el artículo 19 de esa declaración -el derecho a la libertad de opinión y de expresión- es atacar un compromiso que ha asumido México. Hay una gran atención internacional de lo que ocurre con los mecanismos de protección a los periodistas. Por eso es realmente aberrante esa reacción presidencial. Un gobierno sólido en sus convicciones democráticas puede aceptar los cuestionamientos sin caer en condenas.

-¿Se puede afirmar entonces que las acusaciones de López Obrador van contra el espíritu y la letra de las leyes internacionales de libertad de expresión suscritas por el propio Estado mexicano?

-Sí. Lo que hizo fue reclamar al organismo por hacer lo que tiene que hacer: defender la libertad de prensa y de expresión en México. México es un país que ha tenido una larga trayectoria de participación diplomática; se ha ufanado de su voluntad de desarrollar una diplomacia multilateral, muy apegada a los principios de la Organización de las Naciones Unidas y en particular a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por eso (el ataque de López Obrador a Artículo 19) me parece una fuerte contradicción con ese discurso, lo cual socava la fuerza y la presencia de México en el escenario internacional al irse contra una organización que encarna el espíritu mismo de lo que representa dicha declaración.

-Hay algunos planteamientos que manejó el mandatario mexicano para justificar su hostilidad contra la ONG. Una fue asegurar que Artículo 19 forma parte de lo que él llama “el movimiento conservador”…

Marthoz toma aire profundamente antes de responder con algo de hilaridad: “Artículo 19 no tiene la reputación de ser un grupo conservador. Yo lo calificaría como liberal-democrático. Pertenece al movimiento internacional de derechos humanos, cuyas organizaciones son más bien de centro-izquierda que -y se le escapa una pequeña risa- de derecha conservadora”.

El también profesor de periodismo internacional de la Universidad Católica de Lovaina recuerda que organizaciones como Artículo 19 son tildadas de “izquierdistas” o “comunistas” justamente por los gobiernos conservadores a los que critican duramente. “Y los regímenes que se pretenden de izquierda -continúa Marthoz- dicen que son instrumentos de la derecha internacional. Y ello no corresponde con lo que ha hecho Artículo 19 durante muchísimos años de presencia en México”.

-López Obrador acusó directamente que el financiamiento del Departamento de Estado estadunidense motiva los ataques a su administración por parte de Artículo 19…

-Eso supondría que la financiación plural y diversa que reciben esas ONG significa casi de manera automática una dependencia respecto a sus financiadores. No es así. Yo tengo una larga experiencia de trabajo en grupos de derechos humanos. Muchos de ellos, como HRW, no aceptan dinero de los Estados. Durante años trabajé en África en organizaciones que recibían dinero de la UE, y tengo que constatar que nunca hubo presión de la Comisión Europea (que gestiona esos fondos) para que yo adaptara mi programa a la línea política de los países miembros de la UE en África.

“No entiende el mundo actual”


Marthoz reconoce que “es legítimo” exigir a las ONG que transparenten sus modos de financiación, lo cual, señala, es una manera también para ellas de protegerse contra los riesgos de presión de sus donantes.

“Puede haber voluntad de presión de parte de los donantes, pero eso es normal”, expone el entrevistado, y explica: “Estamos en un mundo en el que las relaciones de fuerza se mezclan con principios y valores. Así es el mundo de la política internacional. Lo que hay que preguntarse es: ¿Artículo 19 ha tomado posiciones partidarias a favor de Estados Unidos o contrarias a México que puedan sostener esta acusación (de López Obrador)? La respuesta es no”.


-¿Cómo funciona el sistema de financiamiento extranjero en las ONG como Artículo 19? ¿Cómo se protegen de eventuales intentos de manipulación de los donadores?

-En el mundo real existen tensiones y presiones. Es como en el periodismo: los dueños y accionistas de un medio -o incluso el público- forman parte de la presión que puede ejercerse sobre el periodista que trata de trabajar de manera independiente. Por eso hay grupos de periodistas que tratan de establecer sistemas de protección contra la posibilidad de recibir presiones de varios actores. Es lo mismo en el mundo de las ONG. Su mayor problema es constituir un sistema que permita primero diversificar las fuentes de donación para que no haya una con capacidad de presión excesiva.

El profesor Marthoz indica que, en segundo lugar, las ONG cuentan con políticas internas y personal especializado que garantiza un examen “independiente y riguroso” de las condiciones bajo las cuales se otorgan tales fondos. Y en tercer lugar, estas organizaciones disponen de “un sistema muy transparente” mediante el cual pueden probar a la opinión pública que las posiciones que toman están en concordancia con los compromisos y valores que deben defender.

El columnista del periódico Le Soir refiere que Artículo 19 ha guardado coherencia en sus actividades en México, ya que no ha cambiado su política según los gobiernos en turno. Agrega: “Si se observara que Artículo 19 cambió de posición según el gobierno de un presidente de izquierda o de derecha, ahí sí habría que preguntarse sobre su independencia. Pero la historia de Artículo 19 en México demuestra que se ha comportado con imparcialidad política”.

-López Obrador asegura que Estados Unidos no debe meterse en los problemas de México porque México no opina sobre los de Estados Unidos ni en los de otros países. ¿Qué opinión le merece esta manera de pensar?

-Soy militante de los derechos humanos y la libertad de prensa. Y espero que los gobiernos democráticos tengan la capacidad y la voluntad de opinar sobre la situación de los derechos humanos en países vecinos o amigos, y no sólo en los adversarios. Ello es parte del contrato democrático. Los países que se sientan criticados con motivo de su actuación a nivel de derechos humanos tendrían que aceptar esta crítica como una contribución a la mejora del sistema político. Y tendrían que acoger estas críticas como algo que va a apoyar los derechos de los ciudadanos en su propio país. Desde mi punto de vista la argumentación de López Obrador no es correcta: está pidiendo que se deje hacer a cada gobierno en su territorio…

-Que el mundo cierre los ojos a las violaciones de derechos humanos que ocurren en otros países…

-Sí. Esa forma de pensar no corresponde con el funcionamiento hoy en día del mundo globalizado, en el que la democracia de un país depende muchas veces de la de su vecino o a una situación internacional. La lección que nos da la historia es que para luchar contra excesos y abusos -de manera que éstos no lleguen a convertirse en sistemas autoritarios o totalitarios como en los años 30- tenemos que cuidar lo que pasa en los otros países”.

Marthoz, quien es autor de varios libros sobre periodismo y relaciones internacionales, prosigue en un tono firme: “Así que criticar o abordar la cuestión de los derechos humanos entre Estados me parece que es algo no únicamente normal, sino necesario para poder crear un mundo que respete los principios en los cuales pretende basarse, que son los principios de la carta de las Naciones Unidas y los pactos internacionales que prácticamente todo el mundo ha suscrito”.

Desde su punto de vista, López Obrador “no entiende bien lo que significa actualmente (la responsabilidad de) ser un actor internacional”.

El modelo Orbán


Entre los donadores extranjeros de Artículo 19 México -cuyo listado es público- están la UE; las embajadas de países miembros como Alemania, Holanda e Irlanda; la agencia de cooperación exterior de Suecia -otro país asociado-, y la fundación alemana Heinrich Böll.

El dato es importante porque México tiene un acuerdo de libre comercio, diálogo político y cooperación con la UE -el cual entró en vigor hace más de dos décadas- que contiene una “cláusula democrática” por la que ambas partes aceptan discutir amigablemente temas de derechos humanos y, en teoría, suspender el tratado si la situación en ese aspecto se vuelve insostenible.

“Esta cláusula no se utiliza de manera suficientemente firme y seria”, señala Marthoz. Para él, la diplomacia mexicana tendría que “meterse” y criticar lo que está pasando, por ejemplo, en Polonia o Hungría, Estados asociados a la UE sobre los que ésta ha abierto expedientes de infracción por ciertas políticas antidemocráticas que han implementado y que la Corte Europea de Justicia ha rechazado.

Comenta: “Sería bienvenido que México empezara a usar su palabra en los foros internacionales para apoyar a quienes en Europa se quejan sobre lo que está pasando en ciertos países de la región, que evolucionan hacia una forma de autoritarismo que no corresponde a los valores democráticos y que socavan el concepto de la UE. Lo tomaría como una correcta implementación del acuerdo entre México y la UE que dispone de esta cláusula, que no se concibió como si fuera un postre después de una gran cena; no, es parte estructural del acuerdo”.

Resulta interesante que una de esas políticas impugnadas en Europa conecte con el reciente gesto de López Obrador contra Artículo 19. Y es que el primer ministro húngaro, el ultraconservador Viktor Orbán, ha convertido a las ONG defensoras de los derechos humanos y la democracia -y a la prensa crítica a su gobierno, que queda poca y debilitada- en sus más acérrimos rivales políticos desde que llegó al poder en 2010.

En junio de 2017 Orbán consiguió que su mayoría partidista en el parlamento aprobara una ley que estigmatiza como organismos antipatrióticos a aquellas ONG que reciben financiamiento de fuera de Hungría por un monto superior a 24 mil euros en un año fiscal.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, en Bruselas. Foto: Consejo de la UE.


Tal legislación – primera en su tipo en Europa- está inspirada en aquella que votó el parlamento ruso en 2012 por iniciativa del presidente Vladimir Putin y que obliga a las organizaciones de la sociedad civil que realicen actividades “políticas” y reciban ayudas financieras internacionales presentarse como “agentes extranjeros”, un término que por razones históricas remite al espionaje.

La ley húngara obliga a las ONG implicadas a etiquetar todos sus documentos y sitios de internet con la leyenda “organización apoyada desde el extranjero”. Además tienen que entregar al gobierno los datos personales detallados de todos sus donadores, sean organismos o simples ciudadanos, que pueden hacerse públicos sin importar el principio de privacidad, lo cual tiene un efecto de inhibición.

El ataque verbal -especialmente hostil y de carácter antisemita- que Orbán lanzó contra el millonario estadunidense de origen húngaro George Soros orilló a que la fundación que éste dirige, la Open Society -que por cierto dona a Artículo 19 México-, se mudara en 2018 de Budapest a Berlín. La Fundación Soros se estableció en la capital húngara en 1984 para apoyar al movimiento prodemocrático contra el régimen soviético.

El 18 de julio de 2020, la Corte Europea de Justicia determinó que esa legislación es ilegal porque supone “restricciones discriminatorias e injustificadas” que violan la libertad de circulación de capitales y el derecho a la vida privada, que consagran los textos fundacionales de la UE. La Comisión Europea -el organismo que vigila el cumplimiento de las leyes comunitarias- abrió un proceso de infracción contra Hungría que está en marcha.

El profesor Marthoz explica, en un contexto general: “En todos los países autoritarios o con sesgo autoritario ha habido un ataque sistemático del ejecutivo contra el poder judicial y el legislativo, que son los contrapoderes clásicos, pero también contra la prensa y las ONG. En Rusia, éstas han sido acusadas de ser `agentes extranjeros´ para crear la impresión de que criticar al poder ejecutivo no es algo natural en una democracia sino ilegítimo porque es una traición a la patria”.

Se manipulan los sentimientos nacionalistas, dice, sin importar que ello destruya la democracia. “Y eso me parece muy peligroso”, manifiesta.

-¿Por qué las ONG se han vuelto tan incómodas para este tipo de regímenes?

-Porque han asumido un papel cada vez más importante. En los últimos 30 años los poderes -y presupuestos- de las instituciones públicas han disminuido, como consecuencia de una ola neoliberal. Creo que los Estados tienen que asumir una actuación mucho más presente para poder, por ejemplo, implementar sistemas fiscales más equitativos o luchar contra las formas de injusticia social. Pero no es así y las ONG han ocupado una parte de este espacio dejado por los Estados.

Señala que para los gobiernos que han “descuidado los valores de libertad y justicia social”, las ONG, que las abanderan, se convierten en un desafío.

Levantamiento interno


Marthoz ubica otra razón por las que las ONG han adquirido más relevancia: dado que los partidos políticos han perdido representatividad democrática, éstas las han sustituido de alguna manera como canales de participación ciudadana que cuestionan al poder ejecutivo y a otras instituciones políticas.

Explica que la consecuencia que ha tenido la ofensiva contra estas organizaciones en países como Hungría o Polonia es que temas importantes sobre libertades, diversidad y justicia social están perdiendo apoyos fuertes y capacidad de movilización.

“Lo anterior -refiere- se observa en Polonia cuando se habla de los derechos de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero) y en Hungría en relación a los derechos de los migrantes o los extranjeros, lo que marca una evolución muy preocupante porque son países miembros de la UE en donde existe una convención de derechos humanos”.


En el caso del primer ministro húngaro, Marthoz lo acusa de entender mal el concepto de “Estado fuerte” con el que justifica su campaña contra las ONG, presentándolo como “el detentor de la verdad y de la nación” basándose en una “mayoría” electoral.

Expone: “El planteamiento de Orbán es: `yo tengo la mayoría de los electores, yo puedo permitirme todo´. Pero no, en una democracia el gobierno se ejerce sobre la base de una mayoría electoral, pero con respeto a las minorías. Y los derechos humanos es una garantía para todos. Eso es algo que confunden mucho los aprendices populistas de nuestro mundo: piensan que por contar con el apoyo popular pueden permitirse el lujo de desatender las preocupaciones de los otros. Atacar a las ONG en este contexto es negar algo esencial a la democracia: la diversidad, la pluralidad, la autonomía de los actores y su libertad para actuar dentro de la legalidad. Y muchas veces a contracorriente de lo que piensa el gobierno”.

-¿Hay alguna manera de frenar desde ahora la dinámica de embates del presidente mexicano contra las ONG críticas? ¿Qué dice la experiencia internacional?

-Mucho depende de la movilización de la gran diversidad de actores que hay en México. Hay una sociedad muy rica en cuanto a conciencia ciudadana. Muchas personas y grupos se movilizan a favor de causas sociales o por la defensa de libertades. Pero mi experiencia es que, en el caso de las democracias que todavía tienen un funcionamiento básico, mucho también depende de la dignidad de quienes son miembros del gobierno o de su partido pero que piensan más allá de los dogmas y los intereses inmediatos de éstos.

“Son ellos -afirma- quienes tendrán que levantarse y decir la verdad al poder, porque entienden que hay intereses fundamentales universales. Tendría que ser un movimiento que salga del partido de López Obrador, o entre quienes se sientan cerca del gobierno, de personas que piensen profundamente que la democracia en México merece mucho más que críticas a ONG que hacen su trabajo de defensa de la libertad de expresión”.


-Poner la democracia por encima de su simpatía por un gobierno…

-Claro, eso es fundamental… y todavía es posible. Es el mismo desafío que tiene Hungría y Polonia.

DETRÁS DE LA HISTORIA

Cuando escuché al presidente mexicano acusar a Artículo 19 de ser títere de la derecha internacional que conspiraba en contra de su gobierno, se me vino de inmediato a la mente la imagen de Viktor Orbán, el ultraconservador primer ministro húngaro. Él, desde que llegó al poder en 2010, le declaró la guerra a las ONG críticas a su poder que recibían dinero del extranjero, imponiéndoles leyes muy restrictivas inspiradas en las que promovió antes su aliado ruso Vladimir Putin.

Desde los primeros años del gobierno Orbán pude viajar a Hungría para hablar con periodistas, ONG y líderes de minorías que estaban ya resintiendo los primeros golpes del político que alguna vez fue de izquierda y que rápidamente se fue deslizando hacia la derecha, al punto de poner a su país en la mira permanente de las instituciones de la Unión Europea y de las ONG internacionales de derechos humanos por sus políticas antidemocráticas.

Entrevistar al profesor Marthoz, un experto en el mundo de las ONG internacionales y del periodismo, y que por razones personales sigue la política mexicana, fue la oportunidad para tratar de entender esos finos hilos del mundo globalizado que atan situaciones aparentemente tan alejadas.

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