Amenazado él y su familia por funcionarios corruptos, un talentoso artista mexicano se vio forzado a huir del país con su esposa y su pequeña hija.
Desesperados, tomaron un vuelo a Países Bajos y ahí pidieron el asilo por persecución política.

Del aeropuerto de Schiphol, en Ámsterdam, la familia fue trasladada al más grande centro holandés de registro de solicitantes de asilo, en Ter Apel. Y de ahí a otro centro, y luego a otro.
Durante siete meses, viviendo en condiciones inaceptables, la familia ha esperado impaciente a que las autoridades holandesas avancen en su caso.
1.
Por razones de seguridad para esa familia, omito nombres y detalles de su historia.
Todo comenzó cuando él, trabajando para un estado mexicano gobernado por el partido de gobierno, se enteró sin querer de un desvío de fondos y manejo incorrecto de recursos públicos.
Renunció a su puesto, pero recibió una indemnización muy por debajo de lo que le correspondía por ley. Los sujetos implicados en el acto de corrupción lo retaron a denunciarlos. “Buscaban un motivo para desaparecerme”, me comenta.
Empezó a recibir llamadas de extorsión. Había hombres que lo vigilaban, a él y a su esposa. Le dijeron que sabían a qué escuela iba su hija. Buscó un nuevo empleo, pero nadie lo contrataba porque le decían que se había “portado muy mal”.
Se mudaron a otro estado, pero el acoso y el bloqueo laboral continuó.
Tomaron la decisión de irse de México: se endeudaron comprando unos boletos de avión a Países Bajos y, antes de partir, se despidieron de un día para otro de sus seres queridos, dándose cita en un estado distinto.
La familia solicitó asilo llegando a Schiphol.
En el centro de acogida de Ter Apel, a donde los llevaron para tomar su registro, comenzó un nuevo desafío físico y emocional: el recibimiento fue con desprecio; dicen que se sintieron como en una cárcel. A su hija le negaron el derecho a recibir educación. Para no estar siempre encerrados, limpiaban los baños, un trabajo voluntario por el que cobraban un euro por día.
Lo peor era la inseguridad: se veían hombres desnudos, había venta de drogas, corrían rumores de violaciones y apuñalamientos, relatan.
Fueron trasladados a un centro de acogida, el de Assen, un lugar que el padre de familia describe como “antihumano”. Su hija fue ahí golpeada por otros niños. Solicitaron entonces un espacio fijo donde vivir mientras corría su proceso de asilo, principalmente para darle algo de estabilidad a su hija, a quien se le seguía negando una escuela.
Los llevaron entonces a un campamento de emergencia en Biddinghuizen.
Vivían en una casa modular de apenas tres por seis metros, ubicada en la plancha de un estacionamiento cercano a un parque de diversiones. El lugar era insalubre y peligroso por la noche. Convivían familias con personas solas. La hija de los mexicanos pudo por fin ir a una escuela, pero su primer día de clases dos niños la patearon.
Durante todo ese tiempo estuvieron en contacto con funcionarios holandeses. Siempre les dijeron que no podían hacer nada para avanzar en su proceso o mejorar sus condiciones de vida. Se quejaron ante la Agencia Central para la Recepción de Solicitantes de Asilo, el organismo que se supone defiende los derechos de personas buscando refugio. Pero no pasó nada.
Comenzaron a sufrir problemas de ansiedad, por lo que pidieron ayuda psicológica. Tras siete meses de esperar su primera entrevista de evaluación con un funcionario del Estado holandés, el agotamiento generalizado los tenía al borde de la desesperanza.
Hasta aquí su historia.
2.
Desafortunadamente, todo indica que cada vez conoceremos más casos como éste en Europa.
En la última década –2016 a 2025-, el número de mexicanos que habían pedido asilo por primera vez en un país europeo creció 442%, de acuerdo con datos de Eurostat. De 70 casos en 2016 saltó a 380 en 2025.
A partir de 2019, el primer año del mandato de Andrés Manuel López Obrador, hasta 2025, el primer año completo de su sucesora, Claudia Sheinbaum, la cifra aumentó de 135 solicitudes de mexicanos a las mencionadas 380.
Por países, el año pasado el que más solicitudes recibió fue España, con 115, siguiéndole Francia e Italia con 50 cada uno. Después aparecen Países Bajos, Irlanda, Suiza y Alemania, con 40, 30, 25 y 20 casos, respectivamente. Bélgica, Malta, Austria, Portugal, Finlandia, Suecia, completan el total.
A medida que Estados Unidos se ha vuelto extremadamente hostil a la migración y, por supuesto, a los mexicanos que solicitan el asilo (al menos 80,000 en 2024), muy probablemente habrá quienes consideren a Europa como una alternativa.
No por nada, la familia mexicana que pidió asilo en Países Bajos coincidió en algún momento con otra familia que había solicitado la misma protección y que también provenía de México. Ellos ya llevaban entonces ocho meses esperando una señal de esperanza lejos de la patria de la que huyeron…

