En colaboración con

BRUSELAS (Proceso).– El Acuerdo de Asociación Unión Europea-Mercosur creará, si es ratificado, “el mercado interregional más grande de la historia”, con 780 millones de personas, 31 países y una dinámica comercial valorada en 110 mil millones de euros.
Pero también activará “incentivos para ampliar la cooperación” entre industrias militares de ambas regiones, expone un estudio solicitado por la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo en el contexto del proceso para su ratificación.
“A medida que Estados Unidos se desvincula de los compromisos multilateralesy adopta posiciones hostiles hacia instituciones que en su día sustentaron la gobernanza mundial, la Unión Europea (UE) y el Mercosur tienen motivos para explorar nuevas formas de cooperación que refuercen la resiliencia mutua, autonomía estratégica y estabilidad regional”, explica Andrés Malamud, investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, y autor del estudio junto con Luis Schenoni, profesor asociado en la University College de Londres.
Esa posibilidad de cooperación, sin embargo, no se encaminará hacia una “alianza militar”, advierte Malamud a Proceso.
Mercosur: compras de armamento europeo
Malamud recuerda que la UE realizará importantes inversiones estratégicas en materia de defensa en los próximos años. De acuerdo con datos de la Agencia Europea de Defensa, el gasto de los países del bloque en ese rubro no ha dejado de aumentar desde hace una década y en 2025 alcanzó los 381 mil millones de euros.
El investigador explica que es probable que la UE “actúe con discreción a la hora de elegir a sus socios favoreciendo a aquellos que puedan ofrecer tanto alineamiento político como fiabilidad industrial”.

En este contexto, afirma, el “Mercosur podría tener una clara ventaja”, ya que “el bloque proporciona una plataforma inicial para una mayor cooperación, especialmente en el caso de Brasil, que ha seguido una estrategia de diversificación y desarrollo dentro de su industria de defensa”.
Expone tres razones para ello:
En primer lugar, los países del Mercosur podrían “sin duda” constituir un mercado para la venta de productos militares europeos. Dado que los sistemas de adquisición de material de defensa de Argentina y Brasil están descentralizados, y cada rama de las fuerzas armadas gestiona sus propios proyectos, eso les ha permitido establecer una amplia gama de asociaciones internacionales.
Da un ejemplo: “La Fuerza Aérea Brasileña opera el avión de caza sueco Gripen, mientras que el Ejército Brasileño utiliza tanques Leopard fabricados en Alemania y está estudiando programas de modernización para su artillería blindada. Ambas fuerzas también utilizan helicópteros y vehículos desarrollados en colaboración con empresas italianas.
Argentina presenta un caso similar: ese país adquirió aviones de combate F-16 a Dinamarca en 2023. La compra inició durante un gobierno ideológicamente opuesto a Estados Unidos, el de Alberto Fernández, lo que para Malamud “ilustra la naturaleza descentralizada de las adquisiciones, en las que las preferencias de cada rama militar pueden desempeñar un papel decisivo”.
En este caso, añade, “la Fuerza Aérea Argentina abogó por la adquisición y la cooperación con socios europeos”. Además, subraya, una característica destacable del acuerdo fue la coordinación con el plan de modernización de Dinamarca y la participación de la empresa de defensa británica BAE Systems, que aceptó desviar la producción de los asientos eyectables de los F-16 a Europa continental para satisfacer las necesidades argentinas, “lo que refleja tanto las sensibilidades geopolíticas de la relación entre el Reino Unido y Argentina como el papel más importante de Europa en el contexto de la OTAN”.
Reubicación de empresas de defensa
Hay una segunda razón para cooperar: el Mercosur podría ser un mercado para la reubicación de la producción europea de material de defensa.
Malamud refiere que grupos de presión, como la Asociación Brasileña de Industrias de Materiales de Defensa y Seguridad, han conseguido políticas fiscales beneficiosas para el sector, además de que otra ventaja de reubicar la producción en el Mercosur es el acceso directo a las materias primas.
Plantea el caso de Rheinmetall AG, el mayor fabricante de armas de Alemania que también produce automotores.

Su división de defensa se estableció en Brasil recientemente mediante diversas inversiones y colaboraciones, por ejemplo con Avibras, especializada en el desarrollo de sistemas de misiles, como el ASTROS, utilizado por el ejército brasileño. Rheinmetall ya produce en Brasil vehículos militares como el tanque de combate principal KF51 Panther y el vehículo de combate de infantería Lynx, así como armas y municiones.
Y hay otro espacio de cooperación, agrega el investigador: los países del Mercosur han mostrado interés en desarrollar sus propias industrias nacionales asociándose con sus homólogos europeos.
Pone el ejemplo de Brasil, que vía el Grupo Naval, con participación mayoritaria del gobierno francés, recibió apoyo para construir submarinos de la clase Scorpène (de origen franco-hispano), mientras que al mismo tiempo desarrolla su primer submarino de propulsión nuclear como parte de un programa nacional.
El estudio de su autoría precisa que la importante empresa francesa de electrónica de defensa, Thales, tiene una participación significativa en este ambicioso proyecto brasileño, y que otras inversiones de la empresa europea incluyen compromisos a largo plazo en los ámbitos de defensa, aeronáutica y seguridad digital.
Brasil, centro regional
Finalmente, menciona Malamud, el Mercosur también ve a Europa como un mercado potencial de exportación para algunas de sus tecnologías de defensa.

Los aviones de transporte C-390 Millennium de Embraer, la empresa aeronáutica brasileña, se han exportado a Portugal e incorporan componentes fabricados en Argentina. Y Brasil, señala, también cuenta con un programa de misiles relativamente avanzado: empresas como SIATT (Sistemas Integrados de Alto Contenido Tecnológico) suministran componentes críticos (sistemas de navegación, guía y control), además de que el país tiene una industria de drones y misiles en crecimiento, con empresas como Bibras que contribuyen a la autosuficiencia tecnológica.
“De cara al futuro, Brasil no sólo pretende reforzar su propia base industrial, sino también convertirse en un centro regional para las empresas de defensa europeas. Esto podría implicar el montaje local de sistemas de defensa, la distribución de piezas, la prestación de servicios de reparación y la formación” -analiza Malamud en su estudio.
Desde su punto de vista, de esa manera “Brasil podría posicionarse como puerta de entrada al mercado latinoamericano en general, y como una plataforma logística y comercial para los materiales y servicios de defensa europeos”.
Acuerdo en el limbo
Pero para que todo lo anterior suceda, el acuerdo primero tiene que salir del laberinto legal en el que se encuentra ahora.
El 17 de enero último los dirigentes de la UE y el bloque sudamericano –compuesto por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay– firmaron un Acuerdo de Asociación y un Acuerdo Interino de Comercio tras 25 años de difíciles negociaciones.
Haciendo eco del firme rechazo del acuerdo por parte de sectores agrícolas y fuerzas políticas variopintas que denuncian una competencia desleal y el debilitamiento de las reglas en favor del medio ambiente, el Parlamento Europeo decidió el 21 de enero pedir al Tribunal Europeo de Justicia que evalúe si el acuerdo con el Mercosur respeta los tratados de la UE.
La impugnación del Parlamento Europeo, que frena el proceso de ratificación del lado europeo, no cuestiona el contenido político o económico del acuerdo, sino su validez jurídica a raíz de dos elementos concretos:
- Por un lado, al dividir la Comisión Europea el acuerdo en dos instrumentos jurídicos separados, la ratificación de la parte comercial recayó en el Consejo de la UE (los gobiernos de los Estados miembro) y del Parlamento Europeo, excluyendo a los parlamentos nacionales de los Estados miembros (que ya han tirado acuerdos comerciales en el pasado).
- Por otro, se acusa que la UE se haya comprometido a adoptar medidas compensatorias (el llamado “mecanismo de reequilibrio”) si futuras decisiones suyas en materia medioambiental, climática o alimentaria –así fueran en legítimo interés público– afectaran las exportaciones del Mercosur al mercado europeo. Ello, señala el Parlamento Europeo, entra en conflicto con la “autonomía regulatoria” de la UE consagrada en sus tratados.

“Los eurodiputados que se oponen al acuerdo buscaron un mecanismo de obstrucción para ganar tiempo y persuadir a otros eurodiputados de rechazarlo”, explica Malamud a Proceso.
Para las instituciones de la UE, el acuerdo con el Mercosur se presenta en este momento de reacomodos internacionales como una gran oportunidad geopolítica para posicionarse en Latinoamérica y tratar de competir con la influencia regional que ha ganado Rusia y, sobre todo, China.
Cada mes de retraso en la puesta en vigor del acuerdo representa una pérdida en exportaciones para la UE del orden de tres mil millones de euros, de acuerdo con el Centro Europeo de Economía Política Internacional, un think tank con sede en Bruselas, Bélgica, que defiende el liberalismo económico y el libre mercado.

El fallo del Tribunal Europeo de Justicia, que no será vinculante pero sí de gran peso político, tardará entre 18 y 24 meses en llegar.
La Comisión Europea, que negocia y gestiona los acuerdos comerciales de la UE, podría legalmente poner en vigor el Acuerdo Interino de Comercio una vez que los países del Mercosur lo ratifiquen, y sin esperar la evaluación solicitada por el Parlamento Europeo, pero eso tendría un costo político de considerables consecuencias en el diálogo entre instituciones.

