Luchando contra el narcotráfico -incluyendo el mexicano- en el Pacífico

Metanfetamina sólida procedente de México y con destino a Australia decomisada por la aduana de Hong Kong el 26 de octubre pasado. Foto: Departamento de Aduanas de Hong Kong.

Las actividades de los poderosos cárteles mexicanos se han extendido hasta los lucrativos mercados de Asia-Pacífico, especialmente los de países como Australia o Nueva Zelanda. Las aduanas de Bélgica, Holanda o Hong Kong decomisan cada vez con más frecuencia cargamentos de cocaína o metanfetamina procedentes de México y con destino a esas lejanas regiones. Anthea McCarthy-Jones, experta en las conexiones del crimen organizado de Latinoamérica con Oceanía, y profesora titular de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Canberra, Australia, publicó recientemente un artículo en el que alerta sobre la penetración de los cárteles mexicanos en aquella región. Con la debida autorización del East Asia Forum, el medio de reflexión académica con base en la Universidad Nacional de Australia en el que se publicó el texto, Underground Periodismo Internacional lo reproduce en español para sus lectores.

Por Anthea McCarthy-Jones

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha identificado recientemente el Pacífico como punto de tránsito de las rutas del narcotráfico. La UNODC afirma que “la situación de la droga en Asia-Pacífico ha evolucionado y se ha deteriorado en los últimos años, a pesar de las restricciones a los viajes transfronterizos y los cierres establecidos durante la pandemia”. El narcotráfico plantea importantes retos a la seguridad mundial.

El nivel de organización que permite la comisión de estos delitos tiene una llamativa dimensión transnacional que se nutre de los recursos de una serie de actores que operan en vastas zonas geográficas. La cooperación -más que la competencia- ha permitido a estos actores formar redes fluidas que facilitan el movimiento de drogas hacia y desde los mercados negros de todo el mundo. En febrero de 2022, el Instituto Lowy describió el Pacífico como una “autopista de la droga” que proporciona infraestructuras para la producción, el tráfico y el transbordo de metanfetamina, heroína y cocaína.

Grupos de motociclistas ilegales australianos y neozelandeses han establecido su presencia en países como las Islas Cook y Fiyi. Esto se ha atribuido a un aumento de la actividad delictiva en la zona. La connivencia entre grupos residentes y grupos de delincuencia organizada transnacional de Asia y América Latina facilita la capacidad de producción de drogas in situ en las islas del Pacífico. Pero estas cuestiones no suponen nuevos retos para la seguridad regional. Más bien son el aumento de los problemas existentes derivados de los cambios en los mercados ilícitos que operan en todo el Pacífico.

En octubre de 2022, los jefes de los organismos nacionales encargados de combatir el tráfico ilícito de drogas de Asia y el Pacífico se reunieron en Bangkok para evaluar los problemas relacionados con las drogas que afectan a la región. Los debates se centraron en las actividades de sofisticadas redes delictivas asentadas en el “Triángulo de Oro” (donde confluyen las fronteras de Tailandia, Laos y Myanmar) y en su capacidad para traficar con cantidades cada vez mayores de metanfetamina y ketamina.

El enorme crecimiento de la producción de metanfetamina en Myanmar también se identificó como un reto clave al que se enfrentan los responsables políticos y las fuerzas del orden. Pero las amenazas que plantean estos acontecimientos en el Sudeste Asiático no explican todos los problemas crecientes a los que se enfrentan las naciones del Pacífico. Para comprender mejor el alcance y la complejidad de estos problemas, resulta útil echar un vistazo a América Latina.

Históricamente, la cocaína ha sido la droga más asociada a los cárteles latinoamericanos, debido a su cultivo casi exclusivo en la región andina de Sudamérica. Pero en la última década, los mercados de drogas ilícitas en América Latina han cambiado.

Se han producido innovaciones en las técnicas de procesamiento y han mejorado las asociaciones nacionales e internacionales entre distintos grupos de delincuencia organizada de América Latina y Europa. También ha aumentado el cultivo de coca y la producción de cocaína. En 2019, tras casi dos décadas de paquetes de ayuda exterior destinados a apoyar las iniciativas antinarcóticos en la región, la producción de cocaína se encontraba en su punto más elevado.

Pero esto es solo una parte de la historia. Los grupos del crimen organizado latinoamericano han ampliado sus modelos de negocio para priorizar la producción y el tráfico de drogas sintéticas como la metanfetamina y el fentanilo. Los cárteles de la droga mexicanos son actores principales en este movimiento hacia la producción y distribución masiva de estas sustancias sintéticas. Su producción se ha convertido en una operación tan sofisticada que la oferta supera ahora la demanda de los mercados tradicionales de Estados Unidos y Europa.

Desde hace algún tiempo, los cárteles se han procurado activamente los recursos y habilidades de una serie de grupos delictivos que atraviesan el Pacífico. El uso de intermediarios ha permitido a grupos de delincuencia organizada geográficamente dispares crear conexiones duraderas que han cambiado radicalmente la forma de operar de estos negocios ilícitos. Por ejemplo, el meteórico ascenso del Cártel Jalisco Nueva Generación de México es el resultado de su capacidad para mantener el acceso a precursores químicos procedentes de China a través de su control territorial de infraestructuras marítimas vitales, incluido el mayor puerto de México.

El impacto de estos cambios se está sintiendo en países como Australia y Nueva Zelanda. En 2019, la cooperación multinacional y multiinstitucional entre Australia, Estados Unidos y México dio lugar a una serie de mega incautaciones de metanfetamina cristalina. Estas incautaciones han continuado, y en 2022 las autoridades australianas realizaron la mayor incautación de fentanilo.

No hay soluciones claras ni fáciles para estos problemas, son problemas compartidos que requieren soluciones compartidas. Las pequeñas naciones insulares del Pacífico siempre serán vulnerables a la infiltración de grupos delictivos transnacionales bien financiados y organizados.

El Grupo Especial del Pacífico contra la Delincuencia Transnacional, Grave y Organizada y la Red del Pacífico contra la Delincuencia Transnacional actúan como un andamiaje crucial para apoyar el intercambio de inteligencia entre sus miembros y sus homólogos regionales. Pero estos problemas no se resolverán con un enfoque puramente localizado. Es necesaria una mayor capacidad de reacción, no sólo para estos Estados insulares del Pacífico, sino para todos los Estados de la región.

La recopilación y el intercambio de información serán fundamentales para mitigar las amenazas que plantean actualmente las actividades ilícitas en la región. Se requiere un enfoque pragmático, apoyado por una diplomacia creativa, incluso en circunstancias en las que las relaciones diplomáticas se vuelven tensas. Por ejemplo, a pesar de las actuales diferencias políticas entre Australia y Myanmar, Australia sigue compartiendo inteligencia, aunque de forma muy restringida, entre la Policía Federal Australiana y la Policía Nacional de Myanmar.

Este tipo de decisiones políticas ponen de relieve el valor del intercambio de inteligencia en los esfuerzos regionales y mundiales para combatir el tráfico de drogas y otras actividades ilícitas. El volumen de drogas que entran en Australia es un importante problema de seguridad nacional y la “inteligencia es fundamental” para el desarrollo de todas las respuestas políticas y policiales futuras.

➜LEE AQUÍ EL TEXTO ORIGINAL BAJO EL TÍTULO “TACKLING DRUG TRAFFICKING IN THE PACIFIC”

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