BRUSELAS, Bélgica.- Tengo un hijo que está a punto de cumplir 18 años. Dado que cuenta con la nacionalidad belga, recibió hace unas semanas por correo postal una carta del ministerio de la Defensa de Bélgica con una invitación: unirse voluntariamente al Ejército. Firmada por el primer ministro del país y el jefe de las Fuerzas Armadas, el tono y el estilo de la carta me parecen ligeros para la seriedad que implica el tema, y sobre todo en este convulso momento internacional en el que por todos lados suenan tambores de guerra.
La carta, fechada en noviembre pasado, empieza así:
“Querida joven,
Querido joven,
¡Felicidades! El año próximo festejarás tus 18 años. Es una etapa muy importante en tu vida y un momento en el que tomarás decisiones para tu futuro. La Defensa te ofrece una oportunidad única en ese sentido: un año de servicio militar voluntario”.

