“Un crimen no justifica otro: El ataque contra civiles en Gaza debe terminar”

Destrucción en Gaza después de la primera semana de intensos bombardeos de Israel. Foto: Creative Commons

B’Tselem o Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados es una organización que fue creada en 1989 por legisladores, académicos, periodistas e intelectuales israelíes para documentar los abusos de Israel contra la población palestina en esa zona de conflicto. Lo anterior con la intención de mostrar la realidad de los hechos a los ciudadanos israelíes y a sus responsables políticos y fomentar entre ellos una cultura de respeto a los derechos humanos. Por su labor humanitaria la organización ha obtenido varios premios internacionales en Europa y Estados Unidos, pero también se ha granjeado las críticas de la derecha israelí. El pasado 19 de octubre, el centro dirigió un firme cuestionamiento a la política de seguridad que ha desplegado su país en el conflicto con Palestina durante años y acusó al gobierno actual de estar cometiendo crímenes de guerra con pleno conocimiento de que lo está haciendo. Underground Periodismo Internacional publica ese texto en español para sus lectores.

Gaza lleva 12 días de bombardeos aéreos israelíes, sin apenas interrupciones. Hasta ahora, los aviones israelíes han lanzado miles de toneladas de explosivos sobre los habitantes de Gaza.

No es la primera vez que Israel bombardea de este modo la Franja de Gaza. Esta política ilegal e inmoral se empleó en anteriores rondas de combates, en las que murieron miles de personas, incluidas familias enteras, con miles más que resultaron heridas y decenas de miles que se quedaron sin hogar. Esta vez, sin embargo, Israel ha llevado su política a nuevos extremos, anunciando de antemano que quería vengarse de Hamás. El Primer Ministro Binyamin Netanyahu ha prometido que los lugares donde Hamás haga preparativos o se esconda serán convertidos en escombros y ha dicho a los residentes de Gaza: “Váyanse ya. Estaremos en todas partes y con todas nuestras fuerzas”, mientras que el portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel subrayó: “El énfasis está en el daño, no en la precisión”.

Los resultados son espeluznantes. No hay ningún lugar donde esconderse en Gaza, y los residentes locales no tienen forma de protegerse. No hay refugios antibombas, ni habitaciones ni espacios seguros. No hay alarmas que les avisen para escapar. Lo único que pueden hacer es esperar aterrorizados y con la esperanza de que no les alcancen los proyectiles. Cientos de miles de personas ya han abandonado sus hogares en un intento desesperado por protegerse a sí mismos y a sus familias, y aun así, ningún lugar de Gaza es seguro. Han muerto personas mientras huían. Han muerto en los lugares a los que huyeron, donde habían encontrado refugio. Hasta ahora han muerto más de 3.000 personas, entre ellas decenas de familias que han sido borradas de la faz del planeta, todas a la vez, dentro de sus casas.

El número de muertos sigue aumentando día a día, y muchos están sepultados bajo los escombros sin esperanza de ser rescatados, debido a la falta de equipos adecuados, los incesantes bombardeos de Israel y la enorme cantidad de personas atrapadas. Los cadáveres se amontonan más rápido de lo que pueden ser enterrados. Algunos han sido trasladados a camiones frigoríficos. Otros han sido enterrados en fosas comunes.

Los que siguen vivos se enfrentan a una realidad insondable. Israel ha ordenado a más de un millón de personas que evacúen sus hogares, bajo constantes bombardeos y en medio de una guerra, con la clara implicación de que quienes no evacúen están poniendo en peligro sus propias vidas. La orden de evacuación se aplicaba también a los hospitales, pero con pacientes y heridos a su cuidado y familias refugiadas en sus instalaciones, no podían y, por tanto, se negaron a cumplirla.

Sin otra alternativa, cientos de miles obedecieron y ahora están desplazados. Algunos siguen en la calle. Otros han encontrado refugio en casas ajenas o en el interior de escuelas. Los lugares de refugio están abarrotados y las condiciones de vida en ellos son insostenibles. No hay suficientes mantas ni ropa para todos, y es imposible mantener unas condiciones sanitarias e higiénicas adecuadas, lo que hace temer que se produzcan brotes de enfermedades.

El cierre de los pasos fronterizos de Gaza ha creado escasez de alimentos, gasóleo y otros combustibles, medicinas y equipos médicos básicos. Las colas para comprar alimentos son cada vez más largas, ya que las familias desesperadas intentan comprar la poca comida que queda. Israel ha cortado la energía que vende a la Franja de Gaza y, al no poder obtener combustible debido al bloqueo israelí, la central eléctrica local también ha dejado de funcionar. Sin electricidad, los sistemas de agua y alcantarillado también se han interrumpido, dejando a los residentes sin acceso al agua. En estas condiciones, los hospitales, ya colapsados por la avalancha de heridos, apenas pueden funcionar.

Los cerca de dos millones de habitantes de Gaza viven una pesadilla aterradora: ataques aéreos incesantes contra los que no hay defensa; colapso total de las infraestructuras; barrios residenciales enteros arrasados; cientos de miles de desplazados, muchos de los cuales ya no tienen hogares a los que regresar; sin electricidad, agua, alimentos ni medicinas. La Franja de Gaza está cerrada por todos lados y no hay a dónde huir. Nada de esto es una aberración o un error. La horrible realidad de la Franja de Gaza es el resultado directo de una política israelí declarada.

Atacar a civiles está prohibido, sean cuales sean las circunstancias, y ningún objetivo en el mundo puede justificarlo: ni los espantosos crímenes cometidos por Hamás en las comunidades israelíes cercanas a la frontera de Gaza, ni una guerra total contra el terror, ni el deseo de sustituir al régimen de Hamás en la Franja de Gaza. Por eso tampoco hay justificación alguna para los crímenes de guerra que Israel ha estado cometiendo en la Franja de Gaza durante los últimos 12 días.

Israel afirma que, a diferencia de Hamás, no ataca deliberadamente a civiles. También ha hecho esta afirmación en anteriores rondas de combates. Sin embargo, dejando a un lado el hecho de que en esta ocasión, altos funcionarios dijeron abiertamente que Israel iba a bombardear Gaza indiscriminadamente, la afirmación carecía de fundamento también en ocasiones anteriores. A estas alturas, Israel tiene que saberlo: la política de ataques aéreos, tal y como se aplica en una de las zonas más densamente pobladas del mundo, donde unos dos millones de personas están asediadas, no puede sino provocar miles de muertos y una destrucción masiva. Esto es lo que ocurrió en anteriores episodios de combates que Israel libró en la Franja de Gaza, y esto es lo que está ocurriendo ahora. “No lo sabíamos” es un argumento que se desmorona ante la realidad.

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