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BRUSELAS.- Una película mexicana podría obtener entre 250 mil y 600 mil euros de financiamiento belga mediante el acuerdo de coproducción cinematográfica que negocian México y Bélgica. La estimación, equivalente a entre 5.1 y 12.5 millones de pesos, contempla apoyos públicos del Centro del Cine y del Audiovisual (CCA) de la Federación Valonia-Bruselas e inversión privada belga a través del incentivo fiscal conocido como Tax Shelter.
Aunque ya existen películas coproducidas entre México y Bélgica, un convenio bilateral mejoraría las condiciones para acceder a financiamiento, facilitaría la colaboración entre ambas industrias y establecería reglas más equitativas para distribuir las aportaciones y la participación técnica y artística.
El acuerdo está actualmente en manos del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE). Tras recibir observaciones de las autoridades belgas, el instituto tiene pendiente revisar y concluir los trámites administrativos. Según César Díaz, director artístico de KinoLatino, organización con sede en Bruselas e impulsora de las negociaciones, existe un acuerdo de principio y no hay diferencias sustanciales entre las partes. El también cineasta espera que el tratado se firme durante el primer trimestre de 2027.
“Tener un acuerdo te permite ir a buscar dinero en ambos países y que el plan financiero sea compatible en ambos también”, explica Díaz, quien estima que el convenio podría facilitar una aportación belga promedio de 500 mil euros por película mexicana. Las más beneficiadas de estos apoyos son las realizaciones independientes y de autor.
El financiamiento podría combinar entre 100 mil y 200 mil euros del CCA, sujeto a evaluación, con recursos del Tax Shelter, que permite atraer inversión de empresas belgas mediante beneficios fiscales. Este mecanismo puede representar entre 42 y 44 por ciento de los gastos elegibles realizados en Bélgica.
La normativa exige que al menos 90 por ciento de los gastos vinculados al beneficio fiscal se realice en territorio belga. Esto implica contratar personal, servicios técnicos o realizar actividades como la postproducción en ese país.
“Lo que falta es equilibrar la relación de fuerza”, señala otra fuente conocedora de las negociaciones, que pide no ser citada. Sin un convenio, explica, una película financiada con recursos belgas puede depender de técnicos de ese país, mientras la participación mexicana queda limitada, incluso si el rodaje ocurre en México. Un acuerdo permitiría establecer condiciones más equilibradas y reconocer los gastos efectuados en ambos territorios.
Las negociaciones se remontan a 2019, cuando ambos países firmaron un documento de intención. El proceso ha sido complejo porque México negocia estos instrumentos con Estados nacionales, mientras que en Bélgica el financiamiento cinematográfico depende de sus comunidades lingüísticas, entre ellas la Federación Valonia-Bruselas, de habla francófona, y la comunidad flamenca, de lengua neerlandesa.
“Hubo un lobby muy grande de todas las instituciones implicadas porque es un acuerdo que conviene a ambas partes”, afirma Díaz. Entre los impulsores destaca el CCA de Valonia-Bruselas y la anterior administración de la Embajada de México en Bruselas, encabezada por Rogelio Granguillhome.
Para Díaz, ambos países cuentan con capacidades técnicas y profesionales compatibles. Además, México representa una plataforma estratégica por el peso de su industria audiovisual y sus vínculos regionales. “México es actualmente el gran hub de coproducción en Latinoamérica”, sostiene.
El convenio ampliaría la red de acuerdos que México mantiene con países europeos como Francia, España, Suiza e Italia. Además de facilitar el acceso a fondos, permitiría fortalecer el intercambio de talento e infraestructura y mejorar las condiciones de participación de las producciones mexicanas en proyectos conjuntos.
