El corredor literario México-Berlín

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Fernanda Melchor, Antonio Ortuño o Guillermo Fadanelli son destacados escritores mexicanos que tienen algo más en común: Alemania. Sea porque sus libros han sido traducidos a la lengua de Goethe o porque han sido invitados a pasar una temporada en Berlín gracias a un programa para artistas por el que han transitado figuras como Carlos Fuentes, las letras de nuestro país están sólidamente representadas en el mercado literario alemán. Pero hay un nombre que está detrás de ellos: Michael Gaeb, su agente literario. Underground platicó con él y con dos de estos escritores mexicanos que han vivido “la experiencia alemana”.

BERLÍN, Alemania.- ¿Qué estás leyendo?, ¿qué estás leyendo?, ¿qué estás leyendo? son las preguntas que reiterada e inevitablemente siempre deja caer Michael Gaeb sobre sus interlocutores. Y es que es así como este agente literario alemán llega a muchos de sus escritores. Así llegó a Guillermo Fadanelli, a Antonio Ortuño, a Fernanda Melchor y a muchos más creadores mexicanos y latinoamericanos a los que representa o representó y que hoy son referentes de la literatura contemporánea.

En más de veinte años dentro del negocio, Gaeb ha logrado establecer un corredor que une a México con Alemania, específicamente con Berlín. Por él transitan sus autores, a quienes además de visibilizar en el mundo -la mayoría son poco conocidos cuando llegan a él-, vuelve políglotas -Fernanda Melchor, por ejemplo, cuenta con editores en 25 idiomas, Juan Pablo Villalobos en 15 y Antonio Ortuño en seis-, los acerca a la cultura de esta vibrante capital europea y los introduce en uno de los mercados más exigentes y difíciles: el alemán.

El mérito no es menor. No en uno de los países del mundo donde más se lee. Sólo en 2019 (excluyendo el tiempo de pandemia) se publicaron en Alemania 70 mil 400 títulos; 31 por ciento de éstos – 21 mil 824- fueron de literatura. Así que es una nación en donde la oferta es muy amplia y el público exigente.

Michael Gaeb, agente literario.


Y si uno busca en la base de datos de cuando menos dos de las cadenas de librerías más grandes de Alemania obras de Sergio Pitol -quien por cierto fue el primer escritor latinoamericano a quien Gaeb representó-, Guillermo Fadanelli, Antonio Ortuño, Juan Pablo Villalobos o la misma Fernanda Melchor, ahí se encuentran, ahí están presentes al lado de grandes plumas comerciales y no con pocas ventas: Melchor alrededor de 10 mil ejemplares; Ortuño unos 6 mil.

Quienes conocen a Gaeb aseguran que siempre está en la búsqueda de plumas nuevas, emergentes, alejadas de lo comercial porque lo que es de su interés es simplemente la literatura. “Es amante de las jóvenes promesas”, dice a Underground Guillermo Fadanelli, a quien representó durante más de una década y con quien sostiene una amistad.

“Es cierto que le gusta la idea del scouting (búsqueda, en inglés). Michael es un agente que tiene esa habilidad, talento y gusto por buscar al autor que todavía no está ahí pero que él puede ayudar a que esté ahí. Ese es uno de sus orgullos y lo ha llevado a cabo. Yo creo que uno de los ejemplos más notables en tiempos recientes es Fernanda Melchor”, considera por su parte Antonio Ortuño.

La conexión México


¿Pero qué lleva a un agente literario alemán a influir en el destino de escritores mexicanos emergentes y a acompañarlos en su madurez? El simple gusto por la literatura y, también hay que decirlo, una conexión de origen.

Nacido y criado en Alemania, la mitad de los genes de Gaeb provienen de México, específicamente de Puebla de donde es originaria su madre. Por eso no es de extrañar que cuando decidió lanzarse como agente literario -ese personaje que negocia los contratos y vende los derechos de autor a las editoriales que quieren publicarlos y traducirlos- su primer representado fuera el escritor mexicano Sergio Pitol y luego el argentino César Aira, hace exactamente 20 años.

Pero no se trata de una debilidad hacia su segunda patria o el continente que la acoge. Gaeb, asegura él mismo en entrevista con Underground, apuesta sólo por la que considera buena literatura y esa la ha encontrado en México y Argentina, principalmente.

-¿Por qué comenzaste a trabajar con escritores latinoamericanos, especialmente mexicanos?

-Por supuesto que tiene que ver con mi raíz mexicana, pero además tiene que ver con que México y Argentina son, desde mi punto de vista, los países más importantes en términos de literatura en América Latina. Cuando hablamos de diversidad literaria, historia y tradición destacan México y Argentina, y mi plataforma fue siempre México.

Con estudios en literatura comparativa y filosofía, Gaeb no sólo representa los intereses de un puñado de escritores latinoamericanos (en este momento su lista la compone el nicaragüense radicado en ciudad de México José Adiak Montoya, los argentinos César Aira, Martin Felipe Castagnet, Ariana Harwicz, Ariel Magnus y los mexicanos Fernanda Melchor, Antonio Ortuño y Juan Pablo Villalobos), sino de otros 120 autores muy diversos -fundamentalmente alemanes- dentro de los que caben incluso los comerciales.

Reseña sobre un libro de Antonio Ortuño traducido al alemán. Foto: captura de pantalla de Deutschlandfunk.de


Pero los de su lista latinoamericana tienen que ser “puramente literarios”.

-¿En qué te basas para elegir a los autores con los que quieres trabajar?

-La verdad es un puro gusto personal, reconoce.

Y su gusto personal lo tiene bien definido: “Lo que me interesa son voces que llevan algo nuevo a la literatura, que nos abren el horizonte literario y que experimentan con los instrumentos literarios que tienen. No me interesa mucho la literatura comercial, y no porque la desprecie, sino porque como agente no puedo hacer mucho por un autor comercial mexicano. No sería yo el mejor agente”.

Pero en cambio sí puede hacer, y mucho, por esos nuevos autores a los que descubre cuando visita, año tras año, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o a través de las recomendaciones de lectura de sus propios escritores y/o amigos. Para ello se toma el tiempo para viajar a México con la única intención de reunirse y conocerlos personalmente.

“Como te decía, él pregunta siempre qué está uno leyendo. Le interesa, se asoma, ve el libro. Cuando yo lo veo en la ferias va a las presentaciones, escucha a los autores hablar, está leyendo todo el tiempo y claro que pide referencias y recomendaciones y tiene (además) un criterio que le funciona muy bien. Creo que es uno de los principales agentes del actual negocio”, senala Ortuño.


El escritor mexicano, quien desde 2007 forma parte de la lista de autores de Gaeb  y a quien éste encontró justamente gracias a que su primera novela El buscador de cabezas llegó a sus manos por recomendación, explica lo que hace la diferencia entre su agente literario y otros y que de alguna forma es lo que define su relación con los escritores de  habla hispana con los que trabaja:

“Sé de colegas que tienen agentes que son muy buenos vendedores, se mueven muy bien la bolsa de valores literarios, pero eso no es lo mismo que saber de literatura y Gaeb sabe de literatura. Muchas de las mejores conversaciones que he tenido incluso sobre escritores rarísimos han sido con él”, dice.


Colocar las plumas que Gaeb representa dentro de mercados tan competitivos como el alemán no es cosa fácil. Y explica que menos aún durante la pandemia, cuando la tendencia es traducir menos y nacionalizar los mercados. Aunque, en el caso de la literatura latinoamericana, siempre se puede aprovechar esa tradición que desde hace unos 50 años hay en Alemania por los escritores de habla hispana. Eso sí, con las dificultades que implica introducir figuras nuevas:

“Todavía hay curiosidad hacia la literatura latinoamericana pero es difícil. Y aunque en Alemania la industria editorial está muy bien, el problema es que el dinero siempre llega por la venta de best sellers y no de novedades, así que todavía hoy sigue siendo difícil introducir a una autora o autor en este mercado (porque) para leer a una autora como Fernanda Melchor se requiere de una cierta curiosidad, (pero también de) una cierta resistencia, resiliencia digamos, para la experimentación literaria. Pero si la tienes, mira lo bien que ella vendió aquí”, dice.

Residencia artística en Berlín


“Caminé como nunca en mi vida había caminado. En algún momento me propuse contar mis pasos en la ciudad porque quería con eso titular uno de mis libros pero no lo hice más”, recuerda Antonio Ortuño sobre 2018, el año en que junto con su familia vivió en Berlín. Lo hizo gracias a la beca del prestigioso Programa de Artistas en Berlín del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán), que año con año, desde 1963, convoca a artistas de todo el mundo de los ámbitos de la literatura, las artes visuales, la música y el cine para una estancia de un año en la capital alemana.

Escritores mexicanos de la talla de Homero Aridjis (1986), Carlos Fuentes (1988), Carmen Boullosa (1995) y David Toscano (2003) ha formado parte de este programa.

Al igual que con el autor tapatío de Olinka, Gaeb propuso y logró que la candidatura de Guillermo Fadanelli fuera aceptada en 2007 y ahora en 2021 la de Fernanda Melchor, quien a partir de mayo residirá durante un año en Berlín.

Fadanelli en 2020. Foto: Almadía Editorial (Creative Commons).


El corredor México-Berlín se mantiene y, más allá de una influencia en los artistas, lo que prevalece es la “experiencia alemana”:

“Gaeb fue quien me propuso para esa beca y fue un año importante para mi memoria y mi vida. Recibí en mi departamento a 43 invitados a lo largo de un año, la mayoría provenientes de México y España, de modo que les ahorraba el hospedaje. Distribuí la beca, como debe ser. Y personas extraordinarias que no podrían haber viajado por falta de recursos económicos lograron visitar Berlín y Alemania”, recuerda Fadanelli.


El autor de El hombre nacido en Danzig agrega que tras la beca, en sus artículos y narrativa hay por supuesto referencias a la experiencia alemana, pero al ser su escritura un impulso que no responde a la circunstancia lo que sobresale es lo vivido: los largos paseos, la vida en los lagos y esa bohemia de tabernas única en Berlín, además de numerosas charlas a lo largo y ancho del país para promover su obra.

Algo similar es la experiencia de Ortuño para quien el tiempo en Berlín -además de mucho trabajo logrado con 42 viajes, una novela terminada y otra comenzada- le ayudó a ampliar y dimensionar las referencias sobre este país.

“Mi primera impresión estando ya en Berlín fue un descoloque, porque yo tenía unas pistas muy personales y casi incomunicables de lo que era para mi Alemania y que les sorprendía y parecía extraño a los alemanes con los que traté”, recuerda. Fue así en el ámbito musical -persiguiendo desde su niñez bandas de heavy metal como Helloween o Kreator-; en el literario -con su predilección por la obra de Ernst Jünger o Heinrich Heiner-; y en el futbolístico- reconociendo como grandes a jugadores alemanes que en realidad eran los perdedores de mundiales como el de México 86-.

“Llegué con una imagen romantizada de Alemania y regresé con una diferente pero también romantizada. Este país en crisis y frágil que sienten los alemanes que tienen, para mí fue jauja. Yo me la pasé de maravilla. Me pareció una sociedad estructurada, madura, que desde luego tiene problemas y cosas indeseables, pero bastante abierta”, recuerda.


Para el agente literario de los escritores mexicanos son justamente estas experiencias, estos intercambios los que le dan razón de ser a su trabajo.

¿Qué cómo mide el éxito más allá de las ventas de sus autores?

“Es muy simple: cuando un autor y su libro tienen éxito internacional. Pero también, y es muy altamente satisfactorio, su presencia en Berlín. El gusto de tenerlos aquí, el poder platicar con ellos, el poder seguir fomentando su creación, discutir nuevos proyectos. Eso es. Nada más”, concluye.

DETRÁS DE LA HISTORIA

Cuando hace ya varios años oí hablar de Michael Gaeb, el “representante de escritores mexicanos” en Alemania, me surgió de inmediato la curiosidad por saber quién era el tipo que se ostentaba como tal. Al descubrir entre su catálogo nombres de autores que en ese entonces no me decían mucho -tras haber salido de México hace más de 10 años- y que este alemán presentaba como plumas potentes a quien valía la pena leer y, además traducir al alemán, no quise perderle los pasos.

Hoy, años después, cuando nombres como Antonio Ortuño o Fernanda Melchor brincaron las fronteras mexicanas y son reconocidos en el mundo, me pareció el momento de acercarme a Gaeb y pedirle una entrevista. Este es el resultado.

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